Ese es mi nombre. Creo que tengo siete años. Cuando me llevaron al veterinario mis actuales dueños, esa fue la edad que me calcularon al ver que mis colmillos ya estaban débiles, además de que uno de ellos ya se me había caído.
¡Yo siempre poso para las fotos y quedo estupendo!
Ahi les va mi historia. Fíjense que yo vivía en casa de Alma, una amiga que Laura, una de mis dueñas, conoció en la Universidad. Lau me ha platicado que su mamá le dijo alguna vez que quería un perrito chihuahueño. Aclaro: yo soy chihuahueño, pero también soy resultado de una cruza entre ese tipo de can y un fox terrier ratonero. La verdad es que siempre me dicen que estoy muy guapo y que soy tierno, aunque eso no quiere decir que me deje manosear por cualquiera que se me acerque.
En fin, Alma le contó a Lau que me tenía en su casa y que quería regalarme con ella. Resulta que ella aceptó, me llevó a casa y a partir de ese día fui el perro más feliz del universo.
Al principio la má era muy rejega conmigo porque no era propiamente un chihuahueño pero ahora soy su adoración. Le entiendo a cada una de las palabras que dicen y ellos lo saben. Cuando recién llegué pensaban que era mudo... ¡Háganme el favor! Yo no emitía ningún ladrido porque aún no me sentía en confianza para hacerlo, hasta que una noche, creo que dos meses después de que me trajeron a esta casa, a las dos de la mañana, escuché unos ruidos extraños en la parte frontal y me puse a ladrar como loco.
Mis dueños prendieron las luces y bajaron corriendo para comprobar que lo que escucharon no había sido alguna broma.
Me veían desaforados y me decían: "otra vez Benito, otra vez". Yo sólo atinaba a verlos con cara de "no mamen, tampoco soy su payaso".
Desde ese día no dejé de ladrar.
La má fue la que me bautizó como Benito. "Pos ya qué", pensé. No puedo decirte que no ¿verdá? Al principio creí que si me gritaban por el nombre de "Benito" y yo no atendía, entonces tendrían que cambiármelo por otro, pero también pensé: "¿qué tal que me pongan Bruno o algo así? No mejor así me quedo".
Ahora sufro ataques epilépticos. Me pongo muy mal, pero siempre hay alguien al pendiente de mi, siempre hay alguien que se da cuenta de que me pongo mal y cuando eso me pasa, sólo recuerdo que me retuerzo y que cualquiera de mis dueños se ponen a sobarme la pancita y a limpiarme si es que arrojo algún líquido.
Me gusta mucho el pollo y las croquetas para cachorro. Sé que estoy grande, pero ellos me dan desas croquetitas precisamente para que no me cueste tanto trabajo masticarlas.
¡Mmmm, pollitoooo!
Además, desde que me tienen a mí y ahora a Babo, mi hermano menor, han hecho conciencia de lo que significa tener una mascota en casa. Por la edad les gruño de repente, además de que la llegada de Babo, me crispó los nervios porque es muy inquieto y porque yo estaba acostumbrado a estar solito con toda la atención sobre mí, pero ya me acostumbré a su latosa presencia.
Me siento orgulloso de mis dueños. Mi pá me compone canciones teniendo como melodía el tono de su celular, me dice "amigo", sale en su bicicleta a comprar mi carne; mi má limpia mi popis y me da de comer todos los días, me habla como si fuera su bebé, con un tono chillón pero que a final de cuentas me hace sentir querido; a Bruno lo espero siempre a la salida del baño porque me gusta estar con él aunque me diga "abuelo", no sé, tiene algo especial. A Lau... Híjole, lo que más me gusta de ella es que me deja dormir entre sus piernas en las madrugadas de frío y nunca se mueve, porque sabe que si lo hace la espanto con un gruñido o le hago la finta de que le voy a tirar una mordida.
La verdad es que no tengo queja de ninguno de ellos. Ni de Babo, quien ya me está dando lata para que ahora él les cuente su historia. Ahí se los dejo. Obvio empecé yo porque tengo el pelaje más suave y porque en todo lugar hay jerarquías. Ah y cumplo años el 21 de noviembre.
Orale, te toca.
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Babo.
Pos la neta es que yo soy callejero, pero desos bien cariñosos y agradecidos.
Estoy bien carita ¿no?
Mi historia es muy diferente a la de Beno. Muy diferente. Un día de mayo, para ser exactos el 17, Quiku (así le dicen a Lau en casa) salía de la jaus, con la que ahora es mi abuela, es decir, lamá de Quiku. Se dirigían a un cafecito que está cerca de la casa, pues tenían muchas cosas de qué platicar. Yo me les crucé. Venía espantado porque de todos lados me corrían a patadas. No recuerdo bien, pero creo que a mí me corrieron de mi casa, porque me cuentan que llevaba un collar de cuero gastado color negro sin placa.
Quiku se echó a correr pa' decirle a mi abuelo (pá de Lau) que afuera había un perrito que se parecía mucho a Benito (ni que tuviera tanta suerte el abuelo).
Me dio un poco de croquetas para calmar mi hambre porque tenía la piel pegada a los huesos.
Cuando regresaron de cenar, se llevaron una sorpresa al darse cuenta que yo ya estaba en la parte de atrás de la casa. Mi abuelo había decidido adoptarme pero mi abuela decía que ya no quería un perro más.
Pos que me sacan a perder... Chales. Quiku y mi abuelo me sacaron con ellos y fue entonces que pegué la carrera, comprendiendo que no me querían con ellos. Pero el destino estaba escrito para todos nosotros.
En una esquina me encontré con un chamaco alto, delgado y bien parecido. Su olor se me hizo familiar y lo seguí. Como él no me dijo nada entonces le seguí la pista. Todas las casitas eran iguales.
De repente, este chavo tocó el timbre y gritó: "Miren, éste me viene siguiendo". Pos ahora el de la sorpresa fui yo al darme cuenta que la casa a la que habíamos llegado era la misma de los que me habían sacado a perder apenas veinte minutos antes.
No les quedó deotra más que aceptarme y aqui estoy.
Yo dormido...
Al principio me tenían miedo porque tengo mi mandíbula salida, entonces mis colmillos están a la vista de todos. De ahí la creatividad de Bruno para ponerme "Babo". Osh. Este wey se quebró la cabeza pa' ponerme un nombre. Y les explico que me puso así porque ese es el sobrenombre del vocalista de Cartel de Santa, quienes se dedican a cantar jipjop. Son buenos, pero wey... ¡Cómo Babo!
Bueno, al menos me salvé de llamarme Benito. Lo que sí me pasó a chingar fue mi segundo nombre, porque yo sí tengo segundo nombre. "Alejandro". Sí, ese es mi segundo nombre y me lo puso Quiku, quien en ese momento se moría por un vato llamado así. Ahi sí no podía hacer nada. "Limosnero y con garrote" seguramente pensarían en caso de haberme quejado.
Yo como de todo. Como estoy en crecimiento entonces necesito muchas proteínas, mucho calcio, potasio. De todo.
Lo más delicioso es el manjar que mi abuelo prepara para mí y para el Beno. Bistecito acompañado de arroz. Mi abuela también prepara buenas cosas, eso sí, un poco más sanas, como el caldito de pollo con arroz o la sopa de tortilla, siempre hechas con la autorización del doctorcito pa' que no nos enfermemos.
A la que más quiero es a la Quiku. Esa vieja se desvive por mí, aunque luego se hace mensa y nomás no me limpia ni me da de comer, pero ella es mi mamá. Es la única que se deja dar besos en la boca y es la única también que deja que sacie mis necesidades sexuales con su pierna(parcialmente, nunca deja que termine), por eso la amo más.
Mi abuelo es muy chido. Siempre me da de su pan cuando se pone a cenar y cuando se descuida lo lamo, pero deben entender que estoy chiquito y que no puedo contener el antojo. Mi abuela es la que más me procura. Siempre les anda diciendo a los escuincles que me lleven al veterinario para que me corten mis garras y además es la que, contra mi voluntá me baña, pero lo agradezco porque huelo muy rico.
Bruno... Chia... Ese wey también es chido aunque protege mucho al Beno, entonces a mí me grita mucho. Ya le bajó, pero al principio ¡jijoesumá! me traía bien pendejo con tanto regaño. Un día destos me voy a cansar y le voy a soltar una mordida al cabrón.
Vengo de la calle y yo no digo que ahi pertenezco. Gracias a esta nueva familia, de la que soy parte desde hace ya casi tres años, ora tengo un nuevo lugar del cuál jamás me iré.
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Beno: Somos felices, no nos podemos quejar ¿verdad?
Babo: La neta no carnal. Caímos en buenas manos.
Beno: Yo creo que podrías compensarlos con un poco de cordura y también con un poco de educación, porque eres un naco.
Babo: ¡Ay sí! ¡Naco, naco pero al menos no me llamo Benito!
Beno: ¡Eso qué!
Babo: ¡Pos qué!
Beno: Grrr...
Babo: Grrr...