Todo empezó cuando Alejandra me dijo que Jonathan no le gustaba.
En la secundaria a la que asistía usábamos un uniforme diferente a las escuelas públicas, tal vez por eso se creían superiores a los demás.
Situada en una zona residencial, la "653" era la escuela a la que toda la comunidá quería asistir por ser nueva y por eso, por tener un uniforme diferente.
Jumper a cuadros gris con azul, camisa blanca con cuello de babero y moño azul, suéter gris con el escudo escolar del lado izquierdo, el lado del corazón, ahí debíamos tener tatuada la insignia de la "Mirlo", decía el director.
El primer año pasó sin pena ni gloria. Comencé a hacer amigos, todos muy "pipirisnais" pero snobs, al fin y al cabo. A su edá y ya con ese complejo de superioridad. Teníamos 12 años... bueno, algunos 13.
Abigail, que se ganó el apodo de "A-pizca-il" por enana, y Jonathan Zamudio, se convirtieron en mis mejores amigos muy pronto.
Nosotros éramos del grupo de los rechazados. Nerds pero nada populares, así que no nos quedaba de otra que formar nuestra comunidá. Yo les hablaba de los libros que mi má me recomendaba para leer, de lo mucho que me gustaba "Rojo Amanecer" y lo que implicaba el movimiento estudiantil de 1968, de mis sueños por estudiar en la UNAM, de mi afición por los Pumas y de mi pasión por el deporte. "Son sueños. Yo creo que no podrás pasar de la prepa y ya", me decían 'mis amigos'."
Yo era una chingona en álgebra. Siempre gané los concursos de matemáticas con la mejor maestra que uno puede tener en este tipo de materias. La profesora de español, en tercero, también me amaba. Le gustaba mucho cómo era que leía y me ponía a leer en voz alta frente al grupo. Creiba que se sentían orgullosos, pero no.
Jonathan le contó a Alberto Sánchez, otro chico de mi salón, que a mí me gustaba el fútbol y eso les llamó la atención. Me llamaban a su grupo de "fanseses" del balompié. Al principio me solicitaban para que los ayudara con su quiniela, ya después me incluyeron en ella. Abigail se enojaba porque los muchachos hablaban de temas desos conmigo y optó por irse con las princesas, esas queran populares pero que ni pizca de cerebro tenían.
En segundo año todo comenzó a cambiar... Verónica Zavala entró al grupo como alumna nueva y se parecía mucho a mí físicamente... Decían que era mi gemela y yo no tenía problema alguno con que dijeran eso. Comenzamos a hacernos amigas y a ella también le gustaba el deporte pero no tanto como a mí. Tenía una hermana en primer año y jugábamos básquetbol en los recesos, porque en la secundaria ya no se llaman recreos...
A Jonathan le gustaba mucho Alejandra, combinación de belleza e inteligencia, a veces, no siempre la sacaba a relucir. Él no se atrevía a acercarse. Ale era la más popular del salón y obvio que lo iba a batear, pero mis sueños y yo le decíamos a Jonathan que le echara ganas.
A petición de Jonathan, le dije a Alejandra de sus intenciones. En cuanto él supo que ella jamás le haría caso, comenzó a esparcir un rumor de que yo lo había hecho porque me gustaba.
"Vaya, Zamudio. Tan alta era tu autoestima en ese entonces que pensaste que me gustabas"...
Todo mundo me dejó de hablar. La secundaria se había vuelto un infierno y mi única amiga era Verónica. La experiencia del primer novio también fue terrible. Sergio (karma, lo sé), iba en el "A" y era muy morenito. Fue así como comenzaron sus actos estúpidos de racismo hacia los dos. Un día, entré al salón y en el pizarrón habían dibujado en negro a dos monitos tomados de la mano... Nuestros nombres estaban escritos debajo de los animales.

"Ahi viene la... (inserta el apodo más horrible y racista que se te pueda ocurrir) la que dice que se va a dedicar al fútbol y que va a estudiar en la UNAM".
La verdad fue algo que me traumó por mucho tiempo... Fueron noches de no poder dormir, de llanto, de gritarle a mi má que me cambiara de escuela porque ya no podía más. El último día de clases, se le ocurrió a la directiva entregar los reconocimientos por aprovechamiento en la explanada escolar. Ese día estaban invitados los padres y yo no sabía que sería premiada por mi aplicación.
Decían los nombres y todo mundo aplaudía... "A continuación, Laura C. recibe el premio como la alumna más destacada a lo largo de 3 años en la ES 653, blablabla"...
Nadie aplaudió... Ni los padres... Sólo mi mamá, que con lágrimas, al igual que yo, vio que recibí el reconocimiento, corrí hacia ella y partimos juntas a la salida de la escuela para no mirar atrás nunca jamás.
El domingo, justo cuando iba rumbo a mi transmisión de radio, cuál es mi sorpresa al ver en el bus a Sánchez, Alberto Sánchez, ataviado con un pants...
Me dieron ganas de restregarle en la cara todo lo que hasta ahora soy...
Lo pensé mucho... Pero no le dije nada...
Ahora no sé si esté bien o mal pensar así, pero sé que soy lo que siempre quise ser. Que estudiar en la UNAM, que ser fotógrafa, dedicarme a los deportes y estar viviendo mis sueños y no seguir soñándolos me han hecho lo que soy.
Que ellos, siguen ahi, sin mí... Yo he seguido... Esa mañana de domingo que vi a Sánchez en el bus comprendí que lo único que ahora me provocan es risa...